Si aún aquí estuviera su espíritu
no lo notaríamos,
inmóvil y humilde,
cansado en la vista de recorrer
los viejos carteles de lo que alguna vez,
quizás,
fue un sueño.
Sus ropas,
que tantas desnudaron,
y las cajas de madera
que convertía
en galeras de mago (Siempre sacando un conejo de colores
bello y maduro)
están detrás de vitrinas.
Su dulce voz nos dice
que no todo pasado fue mejor
y la punta de su strato
señala al futuro.
Delgado ya,
verdaderamente como un esqueleto,
deja el eco de su voz en los vinilos
y una flecha hacia el mañana.
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