¿Hay amor?
¿Hay drogas?
¿Hay balas para responder?
Soy de los pueblos del silencio,
el ruido es nuestra mayor arma.
Llegamos del otro lado de un mar
sin letras en la garganta,
sin anillos ni brazaletes,
solo nuestros cuerpos deformes desnudos
y el Destino como marca en la frente.
Y ahora sólo lo seguimos,
repitiendo el estribillo que cantaban nuestras madres:
¿Hay amor?
¿Hay drogas?
¿Hay armas para responder?
Ellas nos dieron la sangre y el semen
y el amor
las drogas
y armas para ser libres o esclavos,
nos enseñaron la lengua de las hojas
y el arte de escuchar, entre las voces, una,
la voz que trae el Oeste...
¿Hay amor?
¿Hay drogas?
¿Hay voluntad para responder?
De mi raza y su silencio
el desaliño, la buena y mala sangre,
la sensación de ángel,
el deseo de luchar
y morir mártir,
por ellos mi voz son cien voces
y hago sonar,
por sobre las voces del eco, mi lengua,
la única que sé:
¿Hay amor?
¿Hay drogas?
¿Hay por qué luchar?
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