El cadáver,
el amigo,
la sangre violeta
o la música
inútil.
Ahogado en medio vaso
o muerto,
sin poder tocar el cráneo,
palpando la masa
con dedos de letras
y sílabas de sangre.
Prendo la pantalla
y que me maten sin piedad,
abro la puerta y ni siquiera tengo manos,
amo el bajón tirado en mi esquina,
la cueva en una pierna
del olvido hermoso.
No hay música,
no hay poesía
ni pastillas,
silencio
y el mareo,
el mareo hermoso
que mi sangre me dio.
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