viernes, 28 de marzo de 2014

No hay música ni poesía ni pastillas

El cadáver, 
el amigo, 
la sangre violeta
o la música
inútil.

Ahogado en medio vaso 
o muerto,
sin poder tocar el cráneo,
palpando la masa
con dedos de letras
y sílabas de sangre.

Prendo la pantalla
y que me maten sin piedad,
abro la puerta y ni siquiera tengo manos,

amo el bajón tirado en mi esquina,
la cueva en una pierna
del olvido hermoso.

No hay música,
no hay poesía
ni pastillas,

silencio
y el mareo,
el mareo hermoso
que mi sangre me dio.

viernes, 28 de febrero de 2014

¿Adónde fue mi amiga? (Parte I)

Más lejos que todos los poemas
que zarpan sin destinatario,

más que las botellas y pitadas
de las noches de los sátiros,

más lejos que su alma y su mente
(sondeando abismos podridos),

más que las mentiras de los poetas,

más lejos que yo,
qué solo toco una nota de un acorde
o una curda de la noche.

Mi amiga se fue de nosotros
y la extraño;
los mortales no entienden el sentido...

Su vientre reposa colores
y sus ojos se fueron.

Mi amiga no murió,
está más viva que el silencio.

La amo y grita paz,

la amo pero pide dolor.

martes, 14 de enero de 2014

Sobre la admiración de la belleza

Puedo mirarla de lejos,
soñador y expectante,
admirar la belleza como el maestro me enseñó.

O puede ser real,
estar temblando, 
cruzarla en el parque
y que me de besos de tierra y cal,
que no salgan más canciones de mi boca,
que se resequen los dedos que escriben las palabras,
que se endurezcan los huesos
y me quede viendo de lejos,
soñador y expectante,
no poder admirar la belleza
por faltarle al consejo de mi maestro.

Seguramente no lo sé todo.
Igual... ¿serviría?

¿Es la sabiduría de mi maestro 
su cotidianeidad? 

Quedarme como estatua de sal del mar,
mirándola de lejos
alejarse más.