Nunca nos fuimos, pero ahora volvimos...
Quienes recuerden que yo era
el rey de algún lugar,
y las cortezanas fornicaban
al pie de mi altar.
Maquiavelos bufones ratas
comían mis sobras
y brillaba la luna en el cielo,
apóstol de un sacrificio.
La espada recta
acuchilló cabezas inocentes
y las pobres mentes de la inocencia
prueban el elíxir de saliva y semen.
ME ASESINARON,
traidores indómitos,
eyaculadores de precoz luz,
parcas kamikazes jacobinas.
Tiraron mis restos a un tarro
lleno de arena y excremento,
reencarné al tercer día
loco de hambre y rencor.